07082017_2115

-Ya. –
-¿Ya qué? –
-Ya. –
-Dilo… –
-Solo ¡Ya! –

Me aburrí (¿Ah sí?). Sí, fíjate (Nada convencido).

Pareciera que me voy hartando de las sobras, de las lamentaciones. Quizá sea más porque no me quedan afirmaciones que defender para cuando el faro me ataca. ¿Qué si no tiene idea? ¡Chucha que lo entiende!, pero puede que crea que es su forma más fácil que seguir intentándolo. ¿El intentar qué si no lo ha hecho? ¿Qué sabes tú?

Es extraño pertenecer a esa oscuridad tan sutil. Como si de una u otra manera quisieras no salir de ahí. Sabes que es malo, que atormenta y que te sumerge silenciosa a lo profundo. Pero que inevitablemente perteneces ahí. Te escabulles entre las murallas, tratas de ser un murmullo, quisieras seguir corriendo, pero ¡ah!, no estás, no la vez, no la sabes encontrar. Procuras hacerlo hasta el sosiego, pero la desidia te rinde sin argumento. Te quedas, ya estás, simple. Terminas por adecuarte, por absorber como un niño las manías que en ese lugar se tienen. Te transformas, te adaptas, perteneces ahí. Y es que hasta ahí la lucha ha sido elegante, símbolo de orgullo y experiencia. Comenzar desde cero es lo complejo, abandonar el lugar maligno que tejió sus hilos en ti y comenzar nuevamente. ¡Vaya lío!

Quisiera, ciertamente, abandonar este lugar. Pero estas malas manías se han pegado a mí, soy parte de esta mierda, son parte de mí y no puedo dejarlos ir. Debo perderlos más.

-No te rindas. –
-No lo hago. –
-No lo vale. –
-No espero que lo haga. –