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Pues a nadie respeto y en nadie creo. Pues todos son enemigos. Contra todos hay que luchar.

Pues no soy un juguete, gracias. Tengo sentimientos y lamentablemente emociones, igual que tú. No soy un paño de lágrimas que puedas utilizar cuando te dé la gana. Tu cariño es una farsa enorme, y tu dolor nada más la excusa por la cual vuelves a mí. Deja… Déjalo por favor. Deja de llevarte esa energía que a penas logro encontrar en mí.

Ese amor que dista tanto de la verdad, ese amor que dista tanto de la vida misma. Ese amor que dista en sí mismo del amor: Calentura.

El culiar es esa respuesta rápida al llanto, a la ira, a la disconformidad, a esa mierda que te carcome. Sí, nos pensamos más grandes, más desarrollados, cada día mejores, superando nuestras metas. Volviendo a ser animales. Con una mano en el pubis y la otra en los ojos.

Convirtámonos, entonces, en eso mágico y especial que solo nos llena de satisfacción instantánea y sin sentido.

¿Y nadie pregunta cómo se siente? Y es que nadie debería. Si se siente así es por su elección. Se asume. Todas las decisiones que tomó lo llevaron a estar ahí. Nadie debería preguntarle de su pena, porque es una pena que él apenas entiende y hasta que no lo haga no saldrá de ahí. (Como si castigáramos con indiferencia a quien “no logra entender” lo que otros ya “vienen de vuelta”)

Por eso quizá la pregunta sea otra ¿Quiere salir de ahí? (Como si realmente le fascinara vivir bajo la tormenta.)